Otoño en el Tiempo

Otoño en el Tiempo
Libro de poesía

sábado, 20 de abril de 2013

Me gusta el embrujo de tu alma
El misterio que provoca la noche
La tierra
Luna 

Bañada de estrellas y galaxias
Tú que te alejas con toda la luz
Claridad cegadora
De corazón oscuro

Atraes solitaria
Naces reina del tiempo
Hoy
Consume mis sueños

Alimenta el deseo


Canta o danza

Habla o mira
Transforma miradas
Atrae paz

Los sentidos aúllan

Para ti
Pedazos sensatos
De la locura

Me gusta el hechizo 

De todos los tiempos
Pero estoy atrapada en éste
Mi tiempo




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Este obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 2.5 México.

miércoles, 13 de febrero de 2013


Y aquí en este mundo de muertos, es el infierno de concreto.
Asfixia los poros de mi cuerpo.
Descompresión, viento.
Hechizos  de placer al medio día, calles colmadas de demonios.

Y yo ansío, besos
El fuego…

Pulque de mis entrañas
Dame  paz
Un trago para que las ideas no sigan atormentando

Otro trago, un litro se ha ido
Y también el dolor del pensamiento
Flotamos bajo el sol
Fumando azul

Sombras cruzando la ciudad, mecen los museos mecidos, al infinito.
Penetran en ellos para esparcirse y desaparecer.
Mi droga, el sol.
Sólo tus piedras húmedas como vaginas, me pueden dar paz.

No quiero ser salvada del delirio
Quiero morir en él
En ti, en ella, en el hechizo de esta melodiosa…
Danza al atardecer

En mi memoria, el vacío.

Y esta soledad embriagante
Infinita como templo
Gente inhalando pegamento
Desfallecidos

Hijos de este
Mi tiempo

Color arcoíris
Gris para el corazón
Azul aquí en el infierno
Naranja para el horizonte

Marino para el firmamento

Allí me quedé tumbada, sobre esas sillas de piedra, descansando de mi sombra.
Perdida en una bóveda de estrellas, imaginarias, fugaces.
Abrir y cerrar los ojos, la respiración atenta.
Bajo mis pies, tus movimientos.

Te arrastras casi todo el tiempo
Ese ser adolorido que te ronda
Reptando por todos los huecos

Nada ha dicho, todo es un hecho, la muerte y la desesperación.
Que se notan y deambulan, en el laberinto de la memoria.
Sus presencias son de hierro, tienen su peso, libran batallas en mi cerebro.
Alguien cruza mi silencio corporal, se hace presente, omnipresente.

Dos litros más, volver por el asfalto rudo
Nadar bajo el abismo
El ruido multitudinario
Canta

Sus risas vacilan
Curiosas constelaciones
Habitando la oscuridad
Corazones solitarios

Qué más da
Si apetecen, siempre apetecen
Un trago más
Un beso más

Saboreemos el infierno
Una vez más



miércoles, 30 de enero de 2013

HOTEL



Una llave en la bolsa, su mano se aferra a ella. Un mensaje de texto que ha olvidado. Un lugar enorme con departamentos inmensos, hasta lo grotesco. De detalles exquisitos, de espacios blancos, cegadores. El azul del cielo, iluminando todos los rincones, el sol cae. Y arrasa las almas, deambulan solitariamente las sombras, se arrastran.

I.

No quería ser descubierta, trató de ser lo más metódica y ordenada posible en todos sus actos. No dejó huellas, ningún rastro, era demasiado perspicaz para dejar alguno, en realidad. Fue mucama durante mucho tiempo, sabía como mantener cada cosa en su sitio, de una manera impecable. Demasiado exacta.

Aquella mañana entró al hotel muy temprano, antes de que todo el servicio estuviera listo para notarla, pasó desapercibida. No había nadie en la puerta, si acaso algunas personas dialogaban en el pasillo, distraídas. La  habitación era la trescientos cincuenta y ocho,  subió por el elevador, no había nadie más.
Pulso el tercer piso; llevaba guantes marrón, unas gafas color rojo, que nunca se quitó. Una mascada violeta que cubría parte de su cuello, además de su hermoso cabello largo, oscuro y ondulado. Su vestido negro, liso y holgado, iba ligeramente por encima de las rodillas. Donde sus dobleces se deslizaban inquietantes y parecían danzar al andar. Llevaba medias de rejilla negras y unos tacones rojos, los únicos que provocaban un sonido en ese momento, constituían la atmósfera a su paso.

Dentro del elevador se dio el tiempo de reflexionar sus primeros pasos, literalmente, al llegar todo volvería a comenzar y no habría vuela atrás. Todavía ahí dentro cabía la posibilidad de abortar el plan y regresar antes de que nadie se diera cuenta.  Tenía todo muy claro, cada idea, en determinado momento, ni antes ni después, llevaría a cabo su plan. No dejo que su mente la distrajera. Era un paso tras otro, un momento y listo.

Se abrió la puerta del elevador y se dirigió hacia el cuarto, conocía perfectamente el recorrido, lo había estudiado concienzudamente. Sí, no quería olvidar nada. Nadie se cruzó en su camino, fue una suerte. Todo giraba alrededor de ella. Tocó la puerta, él del otro lado, preguntó quién era y ella le respondió: Lisa.  

Hola bella, ¿qué tal tu día?, pasa.

Lisa cruzó la puerta y en ese momento se quitó la mascada, las gafas y sonrío.  Dejó su bolso sobre el tocador que estaba frente a la cama y mientras él se volvía a recostar, deslizó suavemente, sin quitarse los guantes, su mano dentro del bolso. Sacó una pistola con silenciador, giró rápidamente y sin pensarlo mucho, le disparó. ya no había nada que pensar, lo había hecho durante mucho tiempo, era el momento de actuar. Le dio directamente a la cabeza, instantáneamente murió. Él, no pudo decir nada, estaba mirando hacia otro lado, seguía viendo televisión.


Era justo lo que quería Lisa, que mirará en otra dirección, quería evitar sobre todo, su mirada. Quería que su mirada no la alcanzase. Deseaba y podía asesinarlo a sangre fría, pero no podía vivir imaginando su rostro, viéndola, rogándole o cuestionándole de esa manera, por última vez. Más allá del por qué, de los ruegos, del asombro. Más allá de todo el drama, el escándalo, los gritos… sólo un intercambio breve de palabras, una bienvenida y una despedida. Además estaba el tiempo, no le parecía de buen gusto jugar con la muerte así, era su tiempo y sino lo hacia rápido, ésta jamás se lo perdonaría y seguramente le pasaría la factura.

Finalmente todo lo demás era una perdida de tiempo, una vulgaridad. Hizo lo que tenía que hacer y salió de la habitación. No desapareció el cuerpo, no tocó nada, no le dijo una sola palabra, asesinó al hombre y desapareció. 

...





jueves, 27 de diciembre de 2012

Hasta los cuervos son felices al medio día
Levantan el vuelo, juegan en el suelo
Se descubren bellos, ante el fascinante brillo
De su plumaje

Ensoñaba junto a un amante
Desde el parque, miraba atravesar el cielo
Las ramas y aquellas aves
Recorría el pensamiento

De una noche, los minutos
Después del insomnio
Las imágenes aún eran claras
Construía en la memoria

El perfil de su mirada
Con las nubes, rasgadas
Por el viento frío
Esparcidas, cercadas...

Pisar todas las hojas
Secas, como el viento
Efímeras, como la vida
Eternas, como el tiempo

No me veo en sueños...



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miércoles, 21 de noviembre de 2012


No era el título lo que le inquietaba, era la suave distancia a la que se encontraba de él, de todos.
A veces requería tiempo y espacio, para recordar dónde estaba, con quién, qué hacía ahí, quién era, cómo fue...

No, recordar un título, era lo de menos.

Había subido a la torre más alta de la ciudad y deseaba haber podido saltar, pero no, ni vértigo sintió. No pasó mucho tiempo ahí, miraba el profundo azul del cielo, hasta donde el horizonte se doblaba y su pensamiento divagó.

El que nada cobrará sentido, ni en su propia existencia, era angustiante. Pasaban los días; todos los segundos del día, dueña de su propia respiración, de los suspiros de todo el mundo alrededor. Gente que evidentemente no conocía ni su silencio, ni su propio ritmo. Pues sólo escuchaban el ruido a su alrededor.

Se respiraba su histeria, se leía en cada rostro, se acumulaba en cada tendón de sus cuerpos. No solamente en la ciudad, en la playa, en el pueblo, en el mundo entero. Ya nadie podía estar en paz, más allá del ruido, cerca de la verdad, -más allá del bien y del mal-, sin desquiciarse, hasta lanzarse.

Era por eso que lo intentaba, de una y de tantas formas lo imaginaba, trataba de llegar a él, pues lo importante era el proceso, también. No temía morir, pero quería encontrar la forma correcta, para él, para ella. Generar una idea, construirla, desarrollarla mientras pudiera. Le parecía cobarde, simplemente terminar así. Sin un propósito, sin una idea que definiera su fin, que proclamara su historia. Su vida aquí.

Habrá gente a la que no le importe nada la vida, ni su propia vida y acabaran como muchos, sin pena ni gloria. ¿Pero, quién acaba así, quién es abandonado en el limbo del olvido, quién nunca fue conocido? Quien fue fantasma en vida, no le sería difícil serlo después de muerto. Pensaba...

Pero ella, aunque deseaba morir, valoraba infinitamente su existencia. La importancia de ésta, por lo menos para ella, tenía un significado, aunque no, sentido.

Podría decidir hacerlo en la playa, perderse en el mar, un día claro y lindo. Los días allá siempre lo son, el mar lo cura todo; pero siempre hay que saber ir hacia él, igual que desaparecer de su vista. Nunca ha sido amiga de sus emociones, mucho menos aliada de éstas, quizá por eso el mar tampoco la veía con amigabilidad.

Volvía a él cada que su alma desesperaba y sólo él reconocía su dolor. Aunque continuaba siendo impenetrable, el mar, se volvía una opción. Quizá aquel sacrificio le permitiría penetrar su extraño corazón.


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